Comida típica de Francia: los 11 mejores platos y productos clásicos
La cocina francesa se ha ganado a pulso su fama de referencia mundial. Más allá de las estrellas Michelin, hay un recetario mucho más sencillo, nacido en cocinas campesinas y de mercado, que sigue siendo la base de lo que se come en cualquier bistró del país.
¿Cuál es la comida típica de Francia? El croissant y la baguette son los símbolos más internacionales de su panadería, mientras que platos como el coq au vin, la bullabesa o el cassoulet representan mejor la cocina tradicional. A esto se suman los quesos, protagonistas de cualquier comida, y postres como la tarta tatin.
¿Qué comer en Francia?
1. Croissant
El croissant tiene un origen algo menos francés de lo que parece. La receta llegó desde Austria en el siglo XIX y fue en las panaderías francesas donde se perfeccionó hasta convertirse en el símbolo de desayuno que conocemos hoy.
Aunque circula la leyenda de que fue María Antonieta quien trajo el croissant a Francia al casarse con Luis XVI en 1770, la documentación más sólida señala al panadero austriaco August Zang, que en 1839 abrió en París una panadería especializada en bollería vienesa y popularizó el kipferl entre los parisinos, germen de lo que después evolucionaría hacia el croissant tal como lo conocemos.
La receta francesa moderna, con su hojaldrado en capas de mantequilla, no se documentó por escrito hasta 1915, de la mano del pastelero Sylvain Claudius Goy. Por cierto, la palabra croissant significa literalmente creciente en francés.

2. Baguette
Pocos alimentos resumen tan bien la identidad francesa como la baguette. Se elabora solo con harina, agua, levadura y sal, y sin embargo cada panadería consigue un resultado ligeramente distinto según su técnica. Cabe decir que desde 1993, un decreto regula que la baguette de tradition no puede llevar aditivos ni conservantes, algo que la distingue de versiones más industriales.
Puedes descubrir más de la escena gastronómica francesa en los tours gastronómicos de París, con talleres y rutas centradas en productos salados y en la repostería local.
3. Quesos franceses
Francia produce más de 1.000 variedades de queso, desde el camembert de Normandía hasta el comté del Jura o el crottin de chèvre de cabra. De hecho, dicen que el propio general Charles de Gaulle bromeaba con que era imposible gobernar un país con tantos quesos distintos. El maridaje con vino es casi una norma no escrita en cualquier comida francesa.
Puedes reservar el tour por Montmartre con cata de vinos y quesos, que incluye variedades como comté, camembert y crottin de chèvre maridadas con tres vinos distintos. Una forma perfecta de indagar en esta tradición culinaria.

4. Coq au vin
El coq au vin es un guiso de pollo cocinado a fuego lento en vino tinto, con champiñones, cebolla y beicon. Nació en Borgoña como forma de ablandar carnes duras de granja usando el Pinot Noir local. Con el tiempo se convirtió en uno de los platos más representativos de la cocina francesa de invierno.
Es servido casi siempre con puré de patata para aprovechar toda la salsa. Asimismo, existe una variante conocida como coq au vin blanc, elaborada con vino blanco en lugar de tinto, más habitual en algunas regiones del centro del país.
5. Escargots de Bourgogne
Los caracoles a la borgoñona son uno de los mejores ejemplos de cómo la cocina francesa transforma ingredientes humildes en algo gourmet. Se cocinan con mantequilla, ajo y perejil, y se sirven directamente en su concha, con un tenedor especial para extraerlos. Nacieron en Borgoña, región que también da nombre al plato.
Se suelen acompañar de un Chablis fresco o un Pinot Noir ligero, y buena parte del ritual de comerlos está precisamente en el propio proceso de sacarlos de la concha.

6. Ratatouille
Más allá de la película de animación de Disney que lleva su nombre, el ratatouille es un guiso de verduras de Provenza. Suele llevar calabacín, berenjena, tomate y pimiento cocinadas a fuego lento con hierbas provenzales hasta que todos los sabores se funden. Puede servirse como guarnición o como plato principal ligero, y resume bien la cocina rural del sur del país.
Se disfruta especialmente en los meses de verano, cuando estas verduras están en su mejor momento en los mercados de la Provenza, y suele acompañarse de un vino rosado fresco de la región.
7. Bullabesa
La bullabesa nació como un guiso humilde de pescadores marselleses que aprovechaban el pescado que no podían vender. Hoy en día, se ha convertido en uno de los platos más sofisticados de la gastronomía francesa. Combina lubina, rape y mejillones en un caldo de azafrán, acompañado de rouille, una salsa de ajo y azafrán que se extiende sobre pan tostado.
El Puerto Viejo de Marsella sigue siendo el lugar de referencia para probarla, en restaurantes que llevan sirviéndola de la misma forma desde hace décadas. Para conocer más de este destino, tenemos preparado un artículo especial sobre los imprescindibles de Marsella, con mapa incluido.

8. Crêpes y galettes
Originarios de Bretaña en el siglo XIII, los crêpes dulces (de harina de trigo, rellenos de azúcar, fruta o chocolate) y las galettes saladas (de harina de trigo sarraceno, con jamón, queso o huevo) son dos caras de la misma tradición bretona. Su popularidad ha ido creciendo tanto que en la actualidad no se asocian tanto con esta región sino con toda Francia, por lo que es muy fácil encontrarlos en la mayoría de puestos de comida callejera y restaurantes.
En Bretaña es habitual acompañarlos de sidra local, una costumbre que se mantiene en la mayoría de crêperies tradicionales de la región.
9. Sopa de cebolla francesa
Nacida en los mercados parisinos de Les Halles como comida nocturna para los comerciantes, la sopa de cebolla combina cebolla caramelizada, caldo de carne y una tapa de pan gratinado con queso gruyère. Es uno de los platos de bistró más reconfortantes del país, sobre todo en las noches de invierno.

10. Tarta tatin
Esta tarta de manzana caramelizada y hojaldre boca abajo nació, según cuenta la leyenda, de un despiste en la cocina de un hotel del valle del Loira a finales del siglo XIX. Las hermanas Tatin habrían olvidado la base de la tarta y, al intentar arreglarlo, cubrieron las manzanas ya caramelizadas con masa antes de hornear. Así nació este postre tan popular en Francia y en el resto del mundo.
La tarta se sirve normalmente templada, a veces con una bola de helado o nata líquida, y combina bien con un vino dulce como el Riesling o el Chenin Blanc.
11. Cassoulet
Originario del Languedoc, el cassoulet es el plato de cuchara por excelencia del suroeste de Francia. Reúne alubias blancas cocidas a fuego muy lento con confit de pato, salchicha de ajo y cerdo, todo en la misma cazuela de barro que le da nombre. Castelnaudary y Toulouse se disputan el título de cuna del plato.
Es un plato pensado para el frío, denso y calórico, heredero de las cocinas de asedios medievales donde había que alimentar a mucha gente con pocos ingredientes.

Preguntas frecuentes sobre la comida de Francia
¿Qué es un menú típico francés?
Un menú tradicional francés suele empezar con una sopa o entrante, seguido de una ensalada verde y un plato principal de carne con guarnición de verduras, para terminar con una selección de quesos y un postre. Esta estructura en varios tiempos sigue siendo habitual en bistrós y restaurantes tradicionales.
¿Cómo es exactamente un croissant en Francia?
Un croissant auténtico es un bollo de hojaldre en forma de media luna, elaborado con mantequilla y varias capas de masa dobladas repetidamente, lo que le da su textura crujiente por fuera y esponjosa por dentro. Es el elemento central del desayuno francés, normalmente acompañado de café.
¿Cuál es el plato más representativo de Francia?
El coq au vin, el cassoulet y la bullabesa suelen citarse entre los mejores platos de la cocina francesa, junto con símbolos de panadería como el croissant y la baguette. No obstante, no hay un único plato nacional, ya que la gastronomía francesa varía mucho según la región.
Con este recorrido, la comida francesa deja de reducirse a un par de tópicos y se revela como un mapa de regiones, historia y tradición campesina que sigue vivo en cualquier mesa del país. Probar varios de estos platos durante el viaje es, sin duda, una de las mejores formas de entenderlo.