Andrés Spitzer (CEO de Civitatis): «La situación en Oriente Medio no frena al viajero, lo redefine»
El deseo de viajar no se cancela. Se redirige. Esa es la tesis más importante que puedo compartir en este momento, y la que los datos internos de Civitatis están confirmando semana tras semana. Vivimos en un contexto donde la inestabilidad en Oriente Medio ha generado un repunte en las cancelaciones y una incertidumbre real en determinadas rutas internacionales. Pero lo que estamos observando no es una industria en retirada. Es un viajero que reorganiza, prioriza y, en muchos casos, viaja con más criterio y más intención que nunca.
El turismo siempre ha estado estrechamente ligado al contexto global. Cuando ese contexto cambia, las decisiones de los viajeros también lo hacen, y eso es completamente natural. Lo que resulta revelador (y lo que en Civitatis llevamos tiempo documentando) es la rapidez y el pragmatismo con el que el viajero hispanohablante reacciona. Lejos de la parálisis o la cancelación impulsiva, lo que vemos es un perfil que analiza alternativas, compara opciones y acaba reservando una experiencia que, en muchos casos, resulta más satisfactoria que la original. Esta capacidad no es nueva, pero en el contexto actual se está manifestando con una claridad que pocas veces hemos visto.
Y los números lo confirman. De cara a Semana Santa, el eje Atlántico está absorbiendo con fuerza el movimiento que se desplaza desde Oriente Medio. El sur de Europa y las ciudades más icónicas de España viven un renovado auge de cara a estas fechas. Y Latinoamérica se confirma como nuestra gran apuesta de crecimiento global: el viajero está priorizando destinos con una fuerte identidad cultural y logística sencilla, desde el corazón de las capitales europeas hasta los principales destinos sudamericanos. No es un fenómeno de sustitución. Es un reajuste que estaba latente y que este contexto ha terminado de acelerar.
Todo esto, sin embargo, no sería posible sin entender un cambio estructural que en el sector tardamos demasiado tiempo en asumir: el viajero de hoy no es el de hace diez años. Está mejor informado, es más flexible y toma decisiones de forma más estratégica. Cuando el contexto cambia, reorganiza sus planes y prioriza destinos que le permitan disfrutar del viaje con facilidad y aprovechar al máximo su estancia. Esta madurez es, a la vez, una exigencia para plataformas como la nuestra. No basta con tener el catálogo más amplio o el mejor precio. Lo que el viajero exige hoy es acompañamiento real: información clara, reacción rápida y la certeza de que cuando algo falla, hay alguien al otro lado que lo resuelve. En Civitatis mantenemos una monitorización constante de la situación internacional y trabajamos en contacto directo con nuestros operadores locales para poder reaccionar con rapidez ante cualquier cambio. Esa relación cercana con el operador local no es solo un modelo de negocio. Es nuestra ventaja competitiva más profunda.
Pero más allá de la operativa, este contexto me lleva a una pregunta más amplia: ¿qué es realmente lo que vendemos? Y la respuesta que hemos ido construyendo es cada vez más clara: no vendemos destinos. Vendemos lo que ocurre dentro de ellos. El valor del viaje no está únicamente en el destino, sino en lo que ocurre una vez llegamos: cómo descubrimos una ciudad, cómo nos conectamos con su cultura y qué recuerdos nos llevamos de vuelta. A eso lo llamamos internamente Perfect Memories: nuestra visión de que cada experiencia reservada en nuestra plataforma debe funcionar de forma impecable de principio a fin y terminar convirtiéndose en algo inolvidable. No es un eslogan. Es el criterio con el que tomamos todas nuestras decisiones, desde qué operadores incorporamos al catálogo hasta cómo diseñamos cada punto de contacto con el viajero.
En un momento en el que el ruido geopolítico domina el debate sobre turismo, me parece importante recordar esto: lo que mueve a la gente a viajar no es la geopolítica. Es la curiosidad, el deseo de conexión, las ganas de vivir algo que no pueden vivir en casa. Ese impulso no desaparece cuando los mapas se complican. Simplemente encuentra nuevos caminos. Las plataformas que sepan leer ese movimiento en tiempo real, que estén bien posicionadas en los destinos donde crece la demanda, y que tengan la capacidad operativa para acompañar al viajero antes, durante y después del viaje, son las que van a salir reforzadas de este momento.
El turismo ha demostrado a lo largo de su historia una enorme resiliencia. Los datos actuales vuelven a confirmarlo: el deseo de viajar sigue intacto. Lo que cambia, simplemente, es su ubicación en el mapa.