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Ruta de los emperadores hispanos Trajano y Adriano

“Que seas más afortunado que Augusto, y mejor que Trajano”. Con esta frase eran investidos con la túnica púrpura los emperadores de Roma. Esta muestra de respeto hacia Marco Ulpio Trajano, el primer líder hispano del Imperio romano, da muestras de la veneración que se tenía a este gobernante, que nació en Itálica (muy cerca de la actual Sevilla) el 18 de septiembre del año 53 d.C.

Con Trajano, el Imperio romano alcanzó su máxima expansión territorial. Nadie consiguió llegar tan lejos, conquistando territorios como la Dacia (la actual Rumania) y diversos enclaves de Oriente Medio.

A la muerte de Trajano, en el año 117 d.C, le sucedió en el gobierno del imperio su sobrino Adriano, que también era de origen hispano. ¿Cuál es el legado de estos dos grandes emperadores? ¿Qué vestigios de su época aún permanecen? En Civitatis, os proponemos una ruta por uno de los periodos más esplendorosos del Imperio romano.

Itálica, el origen de todo

La actual localidad de Santiponce, situada muy cerca de la ciudad de Sevilla, alberga uno de los principales enclaves arqueológicos del sur de España. Se trata de las ruinas de Itálica, la antigua urbe de Hispania que vio nacer a Marco Ulpio Trajano. Paseando por este yacimiento se pueden apreciar todavía los restos de su foro y de su teatro, así como también del anfiteatro en el que se batían a muerte los gladiadores.

Teatro de Itálica

También merece la pena conocer Itálica por sus bellos mosaicos originales, que han resistido al paso de los siglos en un excelente estado de conservación. Si queréis conocer todos los secretos de la urbe natal de Trajano, podéis reservar la visita guiada por Itálica.

La grandeza de la Roma de Trajano

Trajano no solo destacó como un emperador conquistador, sino también como un emperador constructor. Durante su reinado, que tuvo lugar entre los años 98 y 117, embelleció Roma hasta límites inimaginables. Prueba de ello es el famoso Mercado de Trajano, ubicado en plena Vía del Foro Imperial. La obra fue encargada a Apolodoro de Damasco, uno de los arquitectos favoritos del emperador.

Anfiteatro Flavio, el Coliseo de Roma

La capital imperial también se vio engalanada tras la conquista de la Dacia con la construcción del Arco de Trajano y de la Columna Trajana, cuyos relieves policromados (hoy ya han perdido todo su color) narran precisamente esa gran gesta militar lograda durante varias campañas.

Con este tour por el Coliseo, Foro y Palatino + Arena de gladiadores, podréis conocer todos los vestigios que dejó Trajano en la Roma imperial.

La pasión por el arte y la cultura de Adriano

Según varias fuentes, el sobrino y sucesor de Trajano era un apasionado de la cultura. Así lo describe la escritora Marguerite Yourcenar en su célebre obra Memorias de Adriano. El emperador decidió construir una zona de retiro y relajación alejada de las intrigas de la corte de Roma. El lugar escogido, situado a muy pocos kilómetros de la capital imperial, fue Tívoli. Allí se construyó la llamada Villa Adriana, donde destaca su gran conjunto de estanques, fuentes y, sobre todo, esculturas clásicas.

Jardines de Villa Adriana, en Tívoli

Si estáis de viaje en Roma y deseáis conocer esta antigua zona de descanso del emperador, podéis reservar la excursión a Tívoli, que os permitirá visitar tanto la Villa Adriana como la Villa del Este.

La Atenas de Adriano

Como buen amante del conocimiento, Adriano quiso conocer in situ el centro de la cultura clásica, que no era (y es) otro que Atenas. En el año 125, viajó hasta Grecia y decidió dotar a su ciudad más importante de nuevas infraestructuras y monumentos. Entre ellos destacan el célebre Arco de Adriano y la biblioteca que lleva su nombre. Además, impulsó la finalización del Templo de Zeus Olímpico, iniciado unos años atrás.

Vistas de Atenas desde el Arco de Adriano

La visita guiada por Atenas + Museo de la Acrópolis, os descubrirá cómo transformó Adriano a la capital griega.

El Muro de Adriano

No todo fue cultura en el reinado de Adriano. El emperador también tuvo que hacer frente a diversas campañas militares. Una de las más duras fue la de Britania. Los pictos y otras tribus que habitaban en el territorio de la actual Escocia, atacaban constantemente a las tropas romanas acantonadas en la isla británica. ¿Cómo poder frenar su expansión? Britania era una provincia muy importante para el Imperio romano, especialmente por sus minas de plata.

Restos del Muro de Adriano en el sur de Escocia

Para frenar nuevos ataques, el emperador decidió fijar una barrera física que impidiera las incursiones. Se trata del famoso Muro de Adriano, construido entre los años 122 y 132. Los restos de esta muralla aún son visibles en algunos tramos del sur de Escocia. Podéis contemplarlos con esta excursión a Rosslyn y el Muro de Adriano desde Edimburgo.

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